Al ser una buena muchacha y hacer lo que la consejera me dijo que hiciera, asistí a Al‑Anon. Obtuve un poco de alivio del programa del centro de tratamiento, pero encontré mi verdadera recuperación en Al‑Anon. Aprendí destrezas y obtuve instrumentos y un sistema de apoyo que no sabía que existieran. Entrar a mi primera reunión de Al‑Anon fue como entrar al centro de una conversación realmente buena. Yo no sabía de qué hablaban los miembros de Al-Anon, pero me gustó lo que escuché. Al‑Anon fue el primer lugar donde sentí que tenía cabida. ¡Ahora siento que tengo cabida en la vida!
Por Debbie P., Arizona