Me crié en el caos. Mi padre bebía, pero lo que aplastó mi autoestima fue la rabia y la ira de mi madre hacia mi hermano y hacia mí cuando mi padre se fue después de sus pleitos. Tiempo antes había aprendido a cuidar de mí misma y a no entremeterme.

Me convertí en la responsable del hogar y, apenas vi la oportunidad, me escapé. Mi cuerpo salió de la casa, pero mi mente no.

Vine a Al Anon unos ocho meses después de que mi hermano murió al ahogarse en su propio vómito cuando cayó desmayado debido al alcohol. Recibí la llamada para ir a identificar su cuerpo. Tenía veinticuatro años. Luego tuve que avisarle a mi madre.

El funeral fue muy estresante para mí. Mis padres entonces se habían divorciado y seguían enojados el uno con el otro. Me sentí muy sola a pesar de que entonces tenía una familia propia. Busqué la ayuda de un consejero. Me sentía deprimida, con deseos suicidas y llena de culpa. Realmente creía que de alguna manera yo hubiera podido evitado esa tragedia. Debí hacerme cargo de él y no lo hice.

Alguien me sugirió que probara con una reunión de Al Anon. Mi primera reunión fue demasiado dolorosa. Me sentía destrozada, avergonzada y enojada al tener todas estas reuniones y trabajo por hacer para mejorar. Realmente deseaba haber tenido un pasado totalmente diferente, pero como eso era imposible, tenía que prepararme para mi futuro.

Al Anon es donde me sentía bien otra vez. Aprendí a ser responsable de mis acciones ―y sólo mis acciones―. Hice todo lo que pude con lo que entonces sabía y, gracias a Al Anon, ahora sé lo que es mejor. Aprendí a sentir mis sentimientos otra vez.

Tenía que aprender por mí misma sobre los valores aceptables para mi vida y dejar de culpar a mis padres por sus errores. Allí fue donde se me dijo: “No todos somos perfectos”. Ya no tenía que tratar de ser perfecta. ¡Qué alivio!

¡Así que decidí devolverle a Dios su trabajo!

Gracias a mis hijos y a mí misma soy la persona más sana que puedo ser. Creo que todos estamos aquí por un propósito. Hice que un propósito en mi vida fuera ser feliz y aprender de otras personas que han recorrido este camino antes que yo. Si quería que las cosas cambiaran, tenía que estar dispuesta a cambiar mis comportamientos. De muchas maneras, había llegado a actuar como la gente que yo más quería que cambiara.

Al escuchar a la gente hablar en Al Anon, me enteré de que la sanación podía comenzar si me enfocaba más en mí misma y menos en las acciones de otras personas. La gente que forma parte de mi vida iba a actuar de la manera en que actuaba, ya fuera que yo estuviera presente o no. Tuve que renunciar a la ilusión de tener poder y admitir que mi manera no es la única manera.

Seguiré viniendo a las reuniones y recurriendo a los miembros en el programa porque soy una obra en proceso y Dios aún no ha concluido conmigo.

Por Lisa M., Massachusetts
The Forum, noviembre de 2011
© Al-Anon Family Group Headquarters, Inc. 2011. Todos los derechos son reservados.

Back to Top
>>