Principios Que Me Guiaron

Por Carole R., Misuri
Boletín Al-Anon y Alateen en acción, Vol. 37, No. 2, 2004

El desprendimiento ha sido un problema para mí durante mucho tiempo. Todavía trataba de manipular y controlar a mis hijos adultos de más de 30 años de edad. Quería salvar a mi hijo de su dependencia, pero él no quería cooperar.

A medida que pasaba el tiempo, el lema “Suelta las riendas y entrégaselas a Dios” y la Oración de la Serenidad fueron los principios que me guiaron. Sin embargo, aún me encontraba en situaciones difíciles, incapaz de decir no cuando me pedían dinero para pagar honorarios de abogados o alimentos.

Un día en una reunión, tomé el folleto Desprendimiento emocional (S-19). Alguien había usado un marcador amarillo para hacer resaltar las palabras “En Al-Anon aprendemos a no crear una crisis” y “En Al-Anon aprendemos a no impedir una crisis, si ésta ocurre dentro del curso natural de los acontecimientos.” Encontrar esa hoja en ese preciso momento de mi recuperación significaba que mi Poder Superior me mostraba el camino. Sólo debía seguirlo.

Mi hijo está ahora en prisión; pude dejarle seguir su propio camino. Lo que yo no pude controlar, lo está aprendiendo él por su cuenta. He aprendido a fijar límites para no involucrarme en crear o impedir crisis. Tengo una madrina Al-Anon de confianza que me apoya y comparte sus experiencias conmigo a través de mis angustias y mis esperanzas de crecimiento. Vivo con gratitud, Un día a la vez.

© Al-Anon Family Group Headquarters, Inc. 2004. Todos los derechos son reservados.


Lo más importante de todo

Por Lu S., Carolina del Norte
Boletín Al-Anon y Alateen en acción, Vol. 39, No. 3, 2006


Cuando asistí a mi primera reunión de Al-Anon, sentía como si me estuviera muriendo por dentro. Había estado asistiendo a sesiones de terapia individual y de grupo. Las personas que formaban parte de la terapia de grupo tenían varios problemas y algunos de ellos asistían a Al-Anon o Alcohólicos Anónimos. Cuando la psicóloga me sugirió que reflexionara sobre el porqué de mi “adicción” a un alcohólico, no entendí lo que me quería decir. Entonces ella me remitió a Al-Anon y asistí para averiguar lo que ella quería decir.

Después de dos años en Al-Anon, me di cuenta de que estaba tan obsesionada con lo que hacía mi esposo que había perdido mi camino. La recuperación ha sido un sendero largo y difícil, y sé que todavía me falta mucho. De hecho, los Doce Pasos y el apoyo y la comprensión de mi grupo de Al-Anon me han salvado la vida. Aplico los tres primeros Pasos una y otra vez todos los días. Los demás Pasos, del Cuarto al Duodécimo, los aplico según los vaya necesitando pero ahora sí sé lo que quieren decir.

Desde que asisto a las reuniones de Al-Anon y me he deshecho de la negación, estoy sorprendida y al mismo tiempo horrorizada de lo mucho que el alcoholismo afecta a nuestra sociedad. Muchas de las personas que conozco están luchando con los mismos problemas que yo. Para mí, lo más importante de todo es estar a la disposición de los demás para ayudarles mientras me mantengo concentrada en mí misma –algo que es una lucha diaria.

A veces me dan ganas de compararme con los demás pero he aprendido que solamente puedo mejorar cuando comparo lo que era antes con lo que soy ahora. Lo que le da resultados a una persona puede que no me los de a mí, pero sí puedo aplicar los Doce Pasos de Al-Anon en todos mis problemas.

Al-Anon es un poderoso programa de recuperación para los familiares y amigos de los alcohólicos compuesto por principios que todos podemos utilizar para mejorar nuestras vidas y la manera de relacionarnos con nuestros familiares y amigos. Como escucho decir en las reuniones, practicamos “estos principios en todas nuestras acciones.”

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Tomar una decisión diferente aumentó mi autoestima

Anónimo, Canadá
Boletín Al-Anon y Alateen en acción, Vol. 39, No. 4, 2006

Dios me dio un don un tanto inusual: cuando nací, me faltaba una mano. Mis padres me cuentan que era una niña feliz, amorosa y amigable, pero cuando empecé el primer grado, comencé a cambiar. Me convertí en una niña colérica, avergonzada y auto-crítica. Para poder soportar la vida, empecé a negar quién era yo realmente y a esconder esa otra parte de mi personalidad, lo que me consumió muchas energías y me causó gran angustia.

Varios consejeros trataron de ayudarme a vencer mi temor al rechazo y mis problemas de autoaceptación. Perdí muchas oportunidades en la vida debido a que me sentía insegura con mi aspecto físico. Estaba deprimida, tenía pensamientos suicidas, me aislaba de los demás y me estaba deteriorando tanto física como emocionalmente. Traté de cambiar mi apariencia para poder lucir mejor, para verme más bonita.

Algunas de mis decisiones me llevaron por caminos bien traumáticos. Confundí el amor con las relaciones sexuales y me volví una mujer promiscua, lo que me dejaba sintiéndome vacía. Utilizaba la comida para aliviar la falta de cordura que sentía y me volví obesa. Me di cuenta de que la vida que llevaba no me estaba conduciendo a nada pero continué viviendo de esa manera carente de cordura. Me entristezco al pensar cómo permanecí casada con un alcohólico que abusaba de mí, me faltaba el respeto, me humillaba, y que también me rompió el corazón.

Al-Anon me ha ayudado a transformar mi vida. He vencido problemas que nunca hubiera creído posible. En Al-Anon he aprendido a ser sincera conmigo misma y a amarme y aceptarme. Me cansé de ser una víctima. Ya no dependo de los demás para ser feliz sino que me dirijo a mi Poder Superior o mi Madrina, y recibo alivio y serenidad. Me trato bien y me doy cuenta de que el programa es un compromiso para toda la vida.

A lo largo de este último año me he percatado del gran progreso personal que he logrado. Estoy aprendiendo a “soltar las riendas y entregárselas a Dios”. La vergüenza, la culpabilidad y los resentimientos del pasado están desapareciendo, mientras que la calidad de mi relación con mis hijos, amigos y familiares está mejorando.

Aunque todavía esté luchando contra el alcoholismo de mi ex-esposo, sé que un día —gracias a este programa de los Doce Pasos— reinará la paz entre nosotros. Por primera vez en mi vida, puedo mirarme y decirme: “Te quiero”.

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