El dolor que causa el engañarnos, la alegría que da el descubrirnos
Por Nancy B., Carolina del Sur
Boletín Al-Anon y Alateen en acción, Vol. 40, No. 2, 2007
La verdad surgió un sábado por la tarde después de años de convivencia con la enfermedad del alcoholismo. Revelar mi dolor y mi temor era una manera simple de admitir que mi vida estaba descontrolada. La hija de una amiga vino a visitarme y me habló de Al-Anon. Hasta entonces, no tenía idea de lo que Al-Anon era ni de lo que podía ofrecerme.
Año tras año, veía el nombre Al-Anon en la marquesina de una iglesia. También sabía dónde había una reunión esa misma tarde. Ahora creo que mi Poder Superior me había estado preparando para esa tarde.
Los miembros de Al-Anon me dieron la bienvenida con sonrisas llenas de calidez. Esa noche, descubrí la esperanza. No sólo advertí y escuché esa esperanza, sino que también me di cuenta de que necesitaba lo que ellos tenían al observar la paz y la serenidad que me ofrecieron. También oí decir: “Ocúpate de tus asuntos”, lo cual comencé a poner en práctica.
Hace mucho tiempo, en vez de decir lo que honestamente era, inventaba historias sobre lo que de mí quería que los demás creyeran. Al seguir asistiendo a reuniones, encontré un grupo local en el que me sentí lo suficientemente a gusto como para confiar en otra gente. Al-Anon fue el lugar donde empecé a aprender a ser honesta conmigo misma y donde comencé a desenmascararme.
Mediante pequeños pasos, aprendí a sentir y reconocí cómo me había afectado la enfermedad. En poco tiempo, la pesada carga que acarreaba comenzó a aligerarse y empecé a ver la vida de forma distinta.
Creo firmemente que a través de la aplicación de los Pasos de Al-Anon, del apoyo de un Padrino o Madrina, del desarrollo de una relación más estrecha con mi Poder Superior y de la participación en el servicio, pude reemplazar la máscara por mi verdadero yo. Encontré la felicidad que nunca había experimentado.
Al-Anon es un programa que me ha dado vida. He descubierto quién soy en realidad: una persona dispuesta a correr riesgos y a soñar de nuevo. Agradezco a todos los que me brindaron amor incondicional. Ahora puedo retribuir lo que me han dado.
© Al-Anon Family Group Headquarters, Inc. 2007. Todos los derechos son reservados.
Primer Paso: Agitación y calma
a la orilla del mar – soy incapaz
Por Barb R.
Boletín Al-Anon y Alateen en acción, Vol. 40, No. 2, 2007
Al estar sentada a la orilla del mar, se hacía evidente que existía un Poder superior a mí. El mar era infinito, el vaivén de las olas era incesante. Nada de lo que pudiera hacer detendría su movimiento, ni provocaría mayor cambio en el curso de las olas, ni apresaría esa enorme cantidad de agua que se extendía más allá del horizonte. Me sentía totalmente incapaz ante la dimensión de este cuerpo de agua.
Observé a los bañistas a lo largo de una semana. Cuando el oleaje era agitado y turbulento, la mayoría de la gente respetaba las señales de advertencia y permanecía en la costa. Algunos entraban al mar y eran revolcados por las olas. Uno salió sangrando por los rasguños sufridos y otro fue arrastrado por la corriente, y tuvo que ser rescatado por un salvavidas.
Cuando el mar estaba calmo, gente de todas las edades se distendía en el agua, y el océano los masajeaba suavemente. Cuando las olas crecían un poco, la gente se divertía deslizando sus cuerpos o flotando en tablas sobre ellas.
El placer y la tranquilidad se sentían al aceptar que el mar era tal como era y al reaccionar ante este como corresponde. La persuasión de ninguna manera podría acrecentar las olas para flotar sobre ellas en un día calmo. Ni las quejas ni los gritos podrían jamás calmar a un mar violento en un día tormentoso.
Dios utilizó mi semana en la playa para ayudarme a ver que hay por lo menos algo enorme ante lo cual soy totalmente incapaz, y que nunca lo podré controlar. ¿Acaso podría ser igual de incapaz ante el alcohol y también ante los alcohólicos a quienes amo?
En lugar de pasar la vida intentando controlar lo incontrolable y deseando siempre un día diferente, ¿no podría dejarme hoy llevar por la corriente? Puedo relajarme, alegrarme y entretenerme en los momentos de calma, y no permitir que me arrastren las tormentas cuando estas llegan.
De esta manera, puedo admitir mi incapacidad ante el alcohol, y aun así, mantener el control de mis sentimientos y reacciones. Al soltar las riendas y confiar en Dios, puedo disfrutar la vida de la misma forma en que disfruto la playa: “Un día a la vez”.
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El progreso de una adolescente:
dejar atrás los problemas de control
e ingresar a la universidadz
Por Tara M.
Boletín Al-Anon y Alateen en acción, Vol. 39, No. 4, 2006
Cuando llegué a Alateen por primera vez, era una controladora excesiva. Pensaba que podía controlar cualquier cosa o a cualquier persona que se moviera a mi alrededor, incluso al alcohólico. Perdí tanto tiempo tratando de controlar la vida de él que, a causa de eso, la mía se estaba echando a perder también. Nunca pensaba en mí en primer lugar porque tenía miedo de que aumentaran las peleas si no le prestaba al alcohólico toda mi atención como él quería.
Fue entonces que el Primer Paso y el lema “vive y deja vivir” vinieron a mi rescate. Me di cuenta de que yo no tenía el poder para hacerlo cambiar y de que tenía que concentrarme en mi vida y no en la los demás. Tenía que dejar de complacer a la gente y empezar a complacerme a mí misma.
Me falta sólo un año para comenzar la universidad y pienso ingresar a la facultad de enfermería para poder ayudar a salvar vidas. Tratar de cambiar a otra persona es imposible. Las personas deben de cambiar por su propia voluntad. La única persona a quien puedo cambiar es a mí misma.
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